La guía completa de los costes hundidos

Tanto en las finanzas personales como en las empresariales, el objetivo general es manejar el dinero de forma responsable para no perder más de lo necesario. Sin embargo, hay ocasiones en las que no se puede evitar perder dinero, lo que se conoce como coste hundido. Todos los negocios tienen ciertos costes hundidos, por lo que entender el concepto es importante para operar con éxito su negocio. Debe ser capaz de reconocer qué son los costes irrecuperables para poder prepararse eficazmente para ellos.

En este artículo, hablaremos de todo lo que necesita saber sobre los costes hundidos para ayudarle a que su negocio tenga éxito.

Relacionado: Su guía de carreras en finanzas

¿Qué es el coste hundido?

Un coste hundido es un coste que se ha pagado y que ya no se puede recuperar. Es una suma de dinero que ya no influye en las futuras decisiones financieras de una empresa. El concepto de coste irrecuperable, también conocido como «coste retrospectivo», es lo contrario de un coste relevante. Este concepto, que también se conoce como «coste prospectivo,» es un coste futuro que aún no se ha realizado.

En los negocios, los costes irrecuperables no suelen tenerse en cuenta a la hora de tomar decisiones futuras. Esto se debe a que los costes irrecuperables no cambiarán y no están relacionados con los factores presupuestarios actuales y futuros. Por ejemplo, el propietario de una fábrica no debe tener en cuenta el coste a fondo perdido del equipo, la maquinaria y el alquiler del edificio a la hora de decidir el precio de los productos que fabrica. Para tomar decisiones informadas, es importante tener en cuenta los costes que se verán afectados por esas decisiones, en lugar de los que no cambiarán.

Falacia del coste hundido

Aunque un coste hundido ya no es relevante, algunas personas siguen optando por tener en cuenta este coste a la hora de tomar decisiones futuras. Esto se conoce como falacia del coste hundido.

La falacia del coste hundido se produce cuando una persona se aferra a una decisión sólo porque ya se ha gastado el dinero y no quiere sentir que lo ha malgastado. La mayoría de las personas han cometido una falacia del coste hundido en algún momento de su vida. Por ejemplo, es posible que haya comprado una entrada para un concierto por adelantado y que, cuando llega el día del concierto, se dé cuenta de que tiene que madrugar para ir a trabajar a la mañana siguiente.

En este caso, tiene dos opciones:

  1. No tener que ir al concierto para dormir bien'.
  2. Puedes ir a ver el concierto y llegar agotado al trabajo a la mañana siguiente.

Los economistas le dirán que la primera opción es una decisión racional, mientras que la segunda es una decisión irracional, porque no importa si asiste al concierto o no— el dinero ya se ha gastado.

La falacia del coste hundido también se conoce como «falacia del Concorde». Este término se deriva de la decisión que tomaron en la vida real los gobiernos británico y francés cuando unieron sus fuerzas para financiar el costoso desarrollo del avión supersónico Concorde. En privado, el gobierno británico percibía el proyecto como un desastre comercial. Sin embargo, debido a cuestiones políticas y legales, el gobierno británico no pudo retirarse del proyecto, al igual que muchas personas hoy en día deciden no cambiar sus planes una vez que ya han pagado por ellos.

Relacionado: 18 mejores trabajos de grado en economía

¿Por qué se produce la falacia del coste hundido?

Hay muchas razones psicológicas por las que se produce la falacia del coste hundido. La economía conductual sugiere que los propietarios de empresas pueden experimentar uno de los cinco factores psicológicos siguientes cuando se trata de costes hundidos:

Aversión a las pérdidas

Es cuando los empresarios interpretan el precio pagado como un punto de referencia del valor de la entidad. El precio de un coste hundido debería ser irrelevante para la persona una vez que lo ha pagado. La aversión a las pérdidas se produce porque se cree que el dolor de perder es más poderoso que la idea de ganar.

Por ejemplo, un empresario puede gastar 10.000 dólares en maquinaria para crear un producto. Los 10.000 dólares son un coste a fondo perdido. Esa suma no se puede tener en cuenta cuando el empresario determina el precio del producto.

Efectos de encuadramiento

Esto ocurre cuando los empresarios se deciden por una opción en función de su connotación positiva o negativa. En esta situación, pueden considerar si una decisión supondrá una pérdida o una ganancia. Los estudios demuestran que las personas evitarán el riesgo cuando haya un marco positivo y se entregarán al riesgo cuando se presente un marco negativo. Por ejemplo, un jugador puede dejar de jugar después de ganar una gran suma de dinero, pero lo arriesgará todo cuando sus pérdidas sean ya considerables.

Sesgo de probabilidad demasiado optimista

Esto ocurre cuando ya se ha realizado una inversión. Por ejemplo, un estudio realizado por Knox e Inkster en 1968 demostró que las personas que hacían apuestas sobre caballos se volvían demasiado optimistas una vez realizadas las apuestas. Las personas que ya habían gastado su dinero apostando a los caballos creían que tendrían más posibilidades de ganar que los que aún no habían hecho sus apuestas.

Responsabilidad personal

Sentirse responsable de un coste irrecuperable afectará a sus futuras decisiones como empresario. En un estudio realizado por Staw y Fox, se dio a 96 estudiantes de empresariales una suma hipotética de 20 millones de dólares para invertir en su empresa. Al primer grupo se le dijo que tenía una alta responsabilidad por el coste hundido, mientras que al segundo grupo se le dijo que tenía una baja responsabilidad por el coste hundido. El estudio demostró que los que tenían una alta responsabilidad invirtieron más dinero de media que los que tenían una baja responsabilidad.

El deseo de no parecer derrochador

Una razón común por la que las personas deciden comprometerse con sus decisiones es para no parecer que han desperdiciado el dinero. En un análisis sobre la aversión a las pérdidas, David Gal y Derek Rucker sostienen que un coste hundido no debe considerarse como una aversión a las pérdidas porque no es una pérdida que pueda recuperarse. Volviendo al ejemplo de la entrada, por ejemplo, no ir al concierto después de comprarla sería admitir que se ha desperdiciado el dinero. Sin embargo, tanto si se va como si no, el dinero ya se ha gastado.

Todos estos factores pueden influir en la toma de decisiones cuando se trata de costes irrecuperables, pero los economistas sugieren que se respete el principio del pasado. Este principio recuerda a los empresarios que no deben dejar que los costes irrecuperables afecten a sus decisiones en el futuro. Los costes irrecuperables son irrelevantes para las decisiones futuras, por lo que descartar estos costes es la mejor manera de tomar una decisión racional con respecto a sus finanzas.

Los efectos psicológicos de un coste hundido pueden provocar un sobrecoste, como la inversión en algo que ahora tiene un valor inferior o ningún valor. Por ejemplo, digamos que se han gastado 100 millones de dólares en la construcción de una fábrica. Sin embargo, aún no se ha completado y no ha habido ventas, por lo que actualmente no tiene ningún valor.

El edificio puede completarse con la adición de otros 30 millones de dólares, o el proyecto puede abandonarse y construirse una instalación diferente por 10 millones de dólares. La construcción de una instalación diferente tendría más sentido desde el punto de vista financiero, y es la opción más racional.

Relacionado: El valor de aumentar su vocabulario empresarial

El dilema del coste hundido

Ante la falacia del coste hundido, una persona pasará por lo que se conoce como dilema del coste hundido. Aquí es donde el individuo debe determinar si es mejor retirarse de una situación perdedora o seguir adelante e intentar salvar la pérdida.

Por ejemplo, supongamos que ha comprado azulejos para dos habitaciones de su casa, pero ahora que los ha instalado en una de ellas, no le gusta su aspecto. Ya se ha gastado el dinero, así que ahora pasará por el dilema del coste hundido. Tendrá que considerar sus opciones, si comprar un nuevo azulejo que le guste para la otra habitación o seguir usando el azulejo que ya ha comprado.

El dilema de los costes irrecuperables es un momento que hay que considerar cuidadosamente. Los costes hundidos siempre se producirán en algún momento, por lo que presupuestarlos, reflexionar sobre sus decisiones y compensar los daños son formas de mantener los costes hundidos bajo control.

Ejemplos de costes hundidos

Es importante tener en cuenta que los costes hundidos son inevitables. Incluso las empresas que tienen éxito tienen costes irrecuperables, y pueden presentarse de muchas formas. A continuación se ofrece una lista de ejemplos de costes irrecuperables:

4. Ajuste de la fábrica

Digamos que hay una fábrica de ropa que hace botas de motorista. El alquiler de la fábrica cuesta 10.000 dólares al mes y la maquinaria se ha comprado por 50.000 dólares. El propietario debe fijar el precio de las botas de forma que la empresa obtenga beneficios. Para decidir el precio, el propietario debe tener en cuenta el coste de fabricación de las botas e incluir los ingresos necesarios. El coste del alquiler y de la maquinaria son costes irrecuperables, por lo que no se pueden tener en cuenta a la hora de fijar el precio de las botas.

Estudio de mercado

Digamos que una empresa gasta 20.000 dólares en un estudio de marketing para ver si un producto tendrá éxito en el mercado. Los investigadores demuestran entonces que el producto no tendrá éxito y que no debe fabricarse. En este caso, el coste del estudio de mercado es un coste hundido.

Investigación y desarrollo

Supongamos que el propietario de una empresa invierte 100.000 dólares para desarrollar una aplicación. Una vez creada esta aplicación, no le va bien en el mercado y nadie la utiliza. En este caso, los 100.000 dólares son un coste irrecuperable, y el empresario no debe tener en cuenta esa cantidad a la hora de decidir si deja de trabajar en la aplicación o sigue invirtiendo en ella.

Prima de contratación

Digamos que un bufete paga a un nuevo abogado 15.000 dólares para que se una a su equipo y, una vez que empieza a trabajar, la persona no cumple con los estándares del bufete. En este caso, los 15.000 dólares son un coste irrecuperable y no deben tenerse en cuenta a la hora de decidir si se mantiene al abogado o no.

Formación

Supongamos que una empresa se gasta 10.000 dólares en formar a su personal en el uso de un determinado software. Sin embargo, al cabo de un tiempo, este software resulta ser poco fiable y se dice al personal que no lo utilice más. En este caso, el coste de la formación es un coste irrecuperable y no debe tenerse en cuenta a la hora de decidir si se sigue utilizando el software o no.

Comprar

Digamos que el propietario de un negocio compra una máquina CNC por 50.000 dólares. La antigua máquina CNC, que había sido comprada por 25.000 dólares, puede ser retirada. Las piezas de la antigua máquina se desechan, y éstas aportan 5.000 dólares. El resto de la suma, 20.000 dólares, es un coste hundido.